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Lo que arde

Lo que arde

Tres generaciones culturales. Adoctrinadas desde la cuna a la tumba por la propaganda del régimen. Pastoreadas por el desierto mental y campirano que ya es España. Se creen indignados y desolados por el fuego que consume lo poco verde que queda en España. Pareciera que el fuego no les deja ver la realidad que las llamas van a revelar. Porque la realidad siempre se presenta, por las buenas o por el fuego que quema los prejuicios mentales de los hijos de la Transición. 


No hay conspiración. No hay inteligencia para eso. Es mucho más burdo y vulgar. Lo propio de la casta política que se elige a sí misma en su circulación cerrada y selección negativa de los más ineptos. No importa quien gobierne. Las llamas han reducido a cenizas esa cateta creencia desde el 78 de que todos los territorios de España son iguales; ese patético prejuicio de que la tierra propia es única, merece atención y vale lo mismo que las demás. Creencias predicadas por los pastores de la Transición a unas ovejas que se quedaron sin pasto donde comer.


Desnacionalización; insulto permanente a España; pérdida de la conciencia de la unidad de la nación; Españas de primera y de cuarta, unas cuentan y las otras se vacían; permanente estado de descontento; tibieza en la adopción de decisiones; liderazgo verdadero y meritocracia en la vida privada ausentes en la pública. 


Lo que comenzó ardiendo en las Peñas de Riglos y siguió hasta San Juan de la Peña, no se podía evitar. Esta casta política actúa como sabe. O sea, mirando al dedo que le pone en la lista y no al elector que es evacuado. Deja pasar tres o cuatro días. No importa. No me eligen ellos. Mi jefe no dice nada. Pero cuando la marea de la opinión pública empieza a crecer, hacen lo de siempre. La foto. Tarde y cuando el fuego ya no es controlable pero huelen el miedo a que el dedo de arriba les quite. No saben nada pero tampoco quieren saber ni les importa. 


Con esos mimbres políticos es imposible. Les da igual. Desprecian España. ¿Cómo no van a despreciar unos montes perdidos en la nada? Desprecian a los electores porque no los necesitan. Lo que está pasando no se podía evitar. Este es el drama. Y volverá a pasar. Se quemará lo que se salve esta vez. Hay tanto formol anestésico repartido por los pastores de la Transición que el ciudadano ni siquiera es consciente de lo que sucede. Lo tiene delante de sus ojos pero sigue ciego. Tan potente es el veneno inoculado desde el 78. Y le volverán a engañar. Se dejará engañar. Es ese diabólico engranaje que hace girar las ruedas podridas del régimen. 


Lo que no hay es un plan siniestro-conspiranoico que busque la tierra quemada. Demasiado inteligente para el político español. La conspiración es el refugio de las mentes ciegas. 


Lo que hay es un régimen irresponsable ante el  elector evacuado de cada pueblo en llamas; un régimen que necesita Españas silenciadas para dejar que el gozne del régimen sea quien odia a España; un régimen que se desprecia a sí mismo porque desprecia a sus ciudadanos; un elector impotente que no puede hacer nada por cambiar a estos ineptos; una ideología ecologista que hace arder la realidad natural de la buena gestión forestal; lo que hay es resignación, defecto de los cobardes y miedo, cadena de los esclavos.


Lo que arde no es el monte. Ese es el epifenómeno, consecuencia secundaria pero necesaria de un proceso luciferino puesto en marcha desde el 78: lo que arde es la nación, lo mejor de lo que queda de la sociedad civil aún viva. 


Ecocidio de una sociedad que se odia a sí misma. Engañada por décadas, desarmada de sentido común y crítico, con respiración asistida. Quedaba este último acto de la tragedia española. La protesta de lo mejor, será un clamor en el desierto.


En los estertores del 78, faltaba este canto del cisne de España. Ya está servido. 

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Marcelino Merino
15 ago

Extraordinario, Vicente. Qué bien relacionado.

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