Apuntes sobre la bióloga Lynn Margulis (III)
- Fernando Gómez
- 17 ago
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Palabras, palabras, palabras. Las palabras encantadas y seductoras se inmiscuyen.
Es común equiparar la visión neodarwinista de la evolución con la palabra competición y la visión simbiótica con la palabra colaboración.
Lynn advierte que no se deben utilizar esas palabras antropocéntricas para describir a la naturaleza, ni se debe hablar de coste-beneficio o cooperación-competición en ese contexto. Esas palabras son propias de los bancos y del baloncesto, pero no son propias de una explicación científica. También nos advierte sobre el uso de metáforas en la ciencia.
¿De dónde viene la idea de que los organismos compiten para sobrevivir y la de la metafórica supervivencia del más apto?
Darwin, era un naturalista rico y bien relacionado con la alta sociedad y el poder real que lo financiaba y promocionaba. Hizo énfasis en la competición por lo que oía, leía y absorbía sobre la vida social en la era del primer capitalismo victoriano y de la industrialización temprana, que fue ferozmente expansiva, explotadora y de gran impacto social.
La teoría darwiniana de la selección natural basada en la lucha por existir no es más que la teoría socioeconómica del laissez-faire (dejar hacer) aplicada a la naturaleza.
La razón por la que vemos tanta lucha es porque es el reflejo de nuestro mundo social.
Aislados de los procesos naturales hemos creado nuestros propios problemas.
Hobbes habla sobre el estado natural de guerra de la naturaleza.
Tennyson canta que «la naturaleza tiene rojas las garras y los dientes».
Herbert Spencer, no Darwin, acuña la expresión: la supervivencia del más apto.
Supervivencia del más fuerte, en el sentido de enfrentar a la gente y que gane el mejor.
Todas esas metáforas van más allá de la intención y de lo quería decir Darwin.
«La vida no tomó el mundo por el combate, sino por la creación de redes» (Lynn Margulis).
El problema con las metáforas es que están basadas en comparar esto con aquello que puede tener similitud, pero no es idéntico. La metáfora puede hacernos asumir una relación que no existe. La cultura popular más vulgar ha asumido la supervivencia del más fuerte. Expresión con implicaciones políticas que va más allá de su significado biológico original.
Darwin usó una metáfora que se aplicaba en otro contexto, el de su poderosa clase social. Debemos comprobar adónde ha llevado la metáfora después.
El título completo del famoso libro de Darwin es: Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida. Desde su publicación en 1859, la teoría propuesta se ha convertido en una ley ineludible de la naturaleza y suele justificarlo todo. Desde la brutal competición escolar y negocios, a la explotación económica global de la gente y del entorno. Todo se basa en combatir.
El darwinismo social amalgama diversas teorías e ideas pseudocientíficas y políticas basadas en extrapolaciones entre las feroces leyes de la naturaleza y las de la sociedad.
Corrientes ideológicas, que legitimaron el capitalismo en su forma más salvaje, extrema y agresiva. Aliento de racismo, nacionalismo, fascismo, genocidio, eugenesia, esterilización y guerra.
Otra metáfora oscura es la del gen egoísta, creada por Richard Dawkins, declarado y activo neodarwinista. En su libro dice: «somos máquinas de supervivencia, vehículos robóticos programados a ciegas, para preservar esas moléculas egoístas conocidas como genes».
Muchas teorías usan metáforas, al hacerlo, se distancian de los hechos hasta distorsionarlos.
No hay forma de que una cadena de ADN pueda ser egoísta. Un gen no tiene un yo, ni lo es. La metáfora de Dawkins, el gen egoísta, surge de su cultura occidental, promotora del poder del individuo sobre la comunidad. Como lo presenta como ciencia, se toma como una verdad, y contribuye a una cultura de avaricia y egoísmo.
Estas dos metáforas, la supervivencia del más apto y el gen egoísta, son la base del espíritu neodarwiniano, la creencia dominante de que los humanos son genéticamente individualistas egoístas y agresivos. Para ellos, el éxito solo se alcanza al vencer en batallas competitivas. Lo demás es sentimentalismo infantil.
El modo de mirar a la naturaleza marca la diferencia.
Los neodarwinistas ven en la naturaleza individuos egoístas independientes luchando por la existencia. Mientras que Lynn y otros científicos ven en la naturaleza comunidades interdependientes de organismos.
«Siempre pensé que en la humanidad hay mayor porción de nobleza que de vileza. El drama lo produce el hecho de que ésta se organiza sin necesidad de organizadores. Confluyen los egoísmos de la ambición de poder sobre los demás seres que no los padecen. Se organiza el dominio. Y este narcisismo sádico se cubre con ideologías totalitarias que, lejos de responder a una totalidad social, la aplastan en nombre de la nación o de la clase obrera, en nombre de la libertad de mercado o del progreso industrial» (Antonio García-Trevijano).
Cuando nos damos cuenta de que tenemos una elección, tenemos que decidir cómo adoptar el nuevo paradigma. Nos acercamos a un nuevo comienzo y debemos cambiar radicalmente.
Ahora estamos en el mundo de la fuerza de las oligarquías financiero-económico-políticas. Consideremos estar en el mundo de la lealtad-verdad-libertad, para darle la vuelta al cuento y poder afrontar cualquier situación. Ser capaces de hallar soluciones pacíficas a los conflictos, que siempre existirán. Somos afortunados de que existan, porque nos recuerdan y demuestran que todos somos diferentes.
Esperemos que esta revolución científica en marcha prospere, porque sospechamos que el modelo competitivo es letal. La ciencia siempre está cambiando y abriendo caminos nuevos.
Cuidar y compartir el saber son las acciones más naturales del comportamiento humano.
«El mejor conocimiento de las ciencias naturales ha permitido encontrar en la Naturaleza un principio universal que supera en extensión y eficacia a todas las virtudes morales.
Lo que se creía que sólo era un principio de lealtad de la especie a la especie, sin trascender a los individuos, ha resultado ser una ley general de lealtad de cada rincón de la naturaleza a la Naturaleza, como lo cantó Emerson» (Antonio García-Trevijano).
«Todos los reinos y todos los suburbios de la naturaleza prestan su lealtad a la causa donde ésta tiene su origen» (Ralph Waldo Emerson).
(Continuará).




Buenísimo artículo, este y los anteriores. Gracias!