top of page

Apuntes sobre la bióloga Lynn Margulis (II)

Apuntes sobre la bióloga Lynn Margulis (II)

Hoy sabemos que, cuando diferentes actores de un sistema empiezan a interactuar juntos, obtenemos propiedades emergentes que surgen de esas interacciones y que no se podían predecir a partir del conocimiento de las partes aisladas.


Las propiedades emergentes son ahora reconocidas por la ciencia. Esto lleva a un cambio de estilo de ciencia más holístico, centrado en las propiedades de los sistemas enteros en lugar de exclusivamente en las partes.


Los grandes problemas de nuestro mundo están todos interconectados. Energía, cambio climático, pobreza, tecnología, economía y gestión, todas esas áreas y todos los problemas en ellas son interdependientes. Ninguno puede entenderse de forma aislada.


Nos educan y nos deforman para pensar recto, de forma lineal, con lógica de causa y efecto. Podemos aprehender del pensar curvo, en términos de patrones, relaciones y revoluciones.


«La ciencia no progresa de manera lineal, sino en revoluciones». (Thomas Khun).

El pensamiento sistémico trata sobre bucles de retroalimentación, donde la cadena de causalidad se come su propia cola, como el Uróboros. La naturaleza es dinámica y cíclica.


En todo sistema siempre existe interdependencia, cada parte depende de otras partes. No existe ningún organismo totalmente independiente, todo organismo requiere alimento y que se eliminen sus desechos. Hay un único sistema en la superficie de la Tierra.


Está teniendo lugar una revolución en las ciencias de la vida, un cambio profundo, desde una visión mecanicista a una visión sistémica de la vida.


«La filosofía de sistemas (Laszlo) y la ciencia de sistemas (Bertalanffy) son disciplinas para la comprensión holística (global) de los fenómenos sociales, a imitación de la moderna biología.
La república constitucional sabe que la libertad política resolverá el problema de la servidumbre voluntaria, mediante la práctica de la teoría pura de la democracia en la forma de gobierno, pero también sabe que necesitará emprender una reforma de la organización administrativa del Estado, mediante la aplicación de la ciencia de sistemas, para resolver el problema tradicional del autoritarismo de la jerarquía burocrática y el nuevo problema ocasionado por el costoso desdoblamiento producido con los nacionalismos autonómicos» (Antonio García-Trevijano).

Darwin estaba en lo cierto. Toda la vida en la Tierra tiene un ancestro común.


Los organismos y las poblaciones de organismos crecen en tasas que no pueden ser sostenidas por su entorno. Hay más nacimientos, eclosiones, semillas que brotan y esporas en el aire de las que podrían sobrevivir. Solo sobreviven unas pocas, eso es la selección natural, un proceso de eliminación. Los que sobreviven lo suficiente para reproducirse pasan sus características a la siguiente generación.


Darwin llevó esta metáfora de la selección natural más allá, afirmando que cada ligera variación, si es útil, se preserva y resulta en un cambio evolutivo.


En las décadas de 1930 y 1940 un grupo de científicos combinaron la teoría de la evolución por selección natural de Darwin, con las leyes de herencia de Mendel.


La teoría resultante es el neodarwinismo, este separó la vida de la biología. Creó un dogma. Su esencia es que las variaciones entre un individuo y otro que llevan al cambio evolutivo están provocadas por diferencias en sus genes, y que esas diferencias son el resultado de errores que ocurren cuando los genes se copian durante la reproducción. Se refieren a las llamadas mutaciones genéticas aleatorias.


Los poderosos neodarwinistas dominan el mundo académico, las investigaciones científicas, la financiación y las publicaciones. Tienen el control sobre el diálogo, los textos y el dinero. Simplificaron a Darwin, separaron, aplastaron y ridiculizaron las ideas que no encajaban con su teoría, como las de su predecesor, el padre de la Biología, el que acuñó su nombre y la definió por primera vez, Jean-Baptiste Lamarck.


«Fue necesario mucho poder, mucha capacidad para controlar las instituciones científicas, para instaurar el darwinismo y es necesario mucho poder para mantenerlo. Las pocas personas que constituyen el verdadero poder, que son las mismas que controlan las fuentes de energía, las multinacionales farmacéuticas y biotecnológicas, tienen un gran interés en que se mantenga la concepción darwinista de la realidad (el mundo es así de terrible porque, según la Ciencia, son “leyes naturales”, y ellos están, lógicamente, en la cumbre), y la concepción reduccionista de “los genes” y el azar es fundamental para sus negocios» (Máximo Sandin).

La ciencia y la política están profundamente entrelazadas. Durante la Guerra Fría, si te basabas en la herencia de las características adquiridas —se asociaba con el fraude y con el comunismo— apoyabas a la Unión Soviética. En EEUU y su eje de influencia en Occidente se basaban en la teoría de los genes y en la de la selección natural.


Lynn Margulis difería de los neodarwinistas en casi cada punto de su teoría. La idea de que la acumulación de mutaciones aleatorias es la forma en que cambian las especies, de una a otra, no se sostiene por pruebas. Para ella, las nuevas especies llegaron en primer lugar de microorganismos que se unían a otros y la evolución puede dar grandes saltos. Defendió la visión simbiótica de la evolución.


Sus ideas fueron despreciadas por los neodarwinistas, y como no estaba de acuerdo con ellos, la acusaron de posicionarse con los creacionistas y de avivarlos. En medio de esta extraña dialéctica Lynn luchó y llamó al neodarwinismo, «una secta religiosa menor del siglo XX», por su esfuerzo en luchar contra el creacionismo, promoviendo su propio sistema de creencias.


Hoy en día no solo se acepta la simbiosis, sino que todos dicen que también forma parte del darwinismo.


No, no pueden ser ambas cosas. Llamémoslo solo evolución y seguiremos adelante.


(Continuará).

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page