
En el séptimo aniversario de su muerte, hemos querido trasladar el mensaje y la figura de don Antonio al escenario, esa suerte de altar de actores oficiantes y de silencio que nos traerá de regreso por unos instantes al repúblico incansable. Porque él nos habló claro sobre nuestro pasado y nuestro presente político. Porque él nos señaló sin miramientos ese idolatrado rey desnudo que fue la Transición española. Porque él nos mostró la locura moral y política en la que nos hayamos inmersos. El precio fue muy alto: ostracismo social y mediático, la forma civilizada y postmoderna de eliminar a los auténticos disidentes.
Libreto de la obra de teatro: Patología de la transición
Autor: Alberto Gálvez
Editorial: MCRC
Peso: 0,3 kg
Dimensiones: 21 × 15 × 0,49 cm
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En el séptimo aniversario de su muerte, hemos querido trasladar el mensaje y la figura de don Antonio al escenario, esa suerte de altar de actores oficiantes y de silencio que nos traerá de regreso por unos instantes al repúblico incansable. Porque él nos habló claro sobre nuestro pasado y nuestro presente político. Porque él nos señaló sin miramientos ese idolatrado rey desnudo que fue la Transición española. Porque él nos mostró la locura moral y política en la que nos hayamos inmersos. El precio fue muy alto: ostracismo social y mediático, la forma civilizada y postmoderna de eliminar a los auténticos disidentes.
El proceso de escritura de esta pieza nace hace casi un lustro —el primer bosquejo de Word así lo atestigua—: tenía que escribir un texto que llevara a las tablas el mensaje y las dolorosas vicisitudes del único hombre que había querido realmente romper con la dictadura de Franco y entregar el poder y su futuro a la sociedad española. Y aquel hombre no era poca cosa: había sido el coordinador de toda la oposición contra el autócrata a través de la célebre Platajunta… ¿¡Cómo habían borrado su nombre de los libros de texto y del común de los españoles!? Me empapé de sus libros y vídeos, contacté con el movimiento que fundara: tenía una deuda con aquel hombre reducido al silencio y al ninguneamiento social y mediático. Había que desenmascarar los viejos tótems de la Transición y a todos sus poetas y aedos. Sí, se trataba de justicia poética, pero también de explicar por fin qué pasó realmente a la muerte del Centinela de Occidente y desmontar nuestro presente de sectarismos salvajes, ignorancia beligerante y trilerismo político.
Varias han sido las dificultades a la hora de convertir a don Antonio en sustancia dramática. La primera, lo reservado que fue siempre en lo referente a su vida personal y sus emociones más íntimas. De hecho, siempre se negó a escribir sus memorias, ofreciéndonos, no obstante, un collage de sus circunstancias y sentimientos más personales en sus múltiples conferencias y programas televisivos. Solo el trabajo concentrado con los actores —trasladado después al propio texto— ha logrado destapar algunas vaharadas del tarro de las esencias del genial granadino. Solo esperamos que algunos de sus aromas lleguen al corazón y el entendimiento de nuestro público.
La cuestión de la libertad política y el fraude que llevamos padeciendo desde hace medio siglo es un tema tan vital e importante como árido de tratar. Para llevarlo a las tablas hemos apostado por un juego de payasos. Porque ellos son los mejores embajadores de las debilidades y de la estulticia humanas. Porque la máscara mínima de los clowns nos desenmascara de forma amable toda la miseria de nuestras sociedades. Porque el bisturí de la risa es la mejor herramienta para penetrar en las verdades que yacen bajo la apariencia.
Creemos que Patología de la Transición puede llenar un vacío interesado y abismal en nuestra escena y en nuestra cultura política en general. Nadie quiere —o puede— hablar de forma objetiva de ese periodo loado y pintado de sonrosado por los políticos de uno y otro lado, y por toda una pléyade de rapsodas a sueldo. Aceptamos ese periodo de la historia de una forma casi religiosa —de hecho, el día de la Constitución es fiesta de guardar—y al hacerlo nos convertimos en creyentes, esto es, aceptamos la lobotomía que nos vienen practicando desde hace ya cincuenta años. ¡No estamos tan distantes de esa España que abrazaría la gracia divina del Caudillo y de su régimen!
La ausencia de obras sobre este crítico periodo de la historia que siguió a la muerte de Franco, nos coloca en una orfandad intelectual y moral que nos hace naufragar irremisiblemente a la hora de explicar nuestro presente e intentar construir nuestro porvenir. Pero dejemos hablar a don Antonio:
La sabiduría de la vida se mide en cada época por la de los narradores que ha producido en la literatura y en la historia. Y cada generación cultural necesita tener, para ser consecuente con ella misma, una nueva visión de su pasado, es decir, una nueva novela crítica de la realidad social y una nueva historia crítica de las generaciones que le precedieron. Cuando falta esa novela y esa historia, como sucede en la Transición española y en la guerra fría que cercenó en Europa la libertad de creación y de pensamiento, las generaciones se superponen y suceden unas a otras sin encontrar, desorientadas, el sentido de su propia personalidad en la sociedad y la época que las producen. Y una época que no produzca sus propios libros es un espacio de silencio en la sucesión de padres e hijos…
Frente a la Gran Mentira
Patología de la Transición es nuestro pequeño granito de arena y nuestro homenaje a don Antonio, que nos mostró como no puede haber libertad sin verdad.
Dedicamos estas páginas también a todos aquellos que no se conforman con el credo establecido y adivinan tras la yerma tramoya que nos han vendido una hoguera esperpéntica de intereses y vanidades.
Un saludo especial a los más jóvenes que cuestionan qué fue aquello de la Transición y se acercan a los vídeos de don Antonio y del movimiento cívico que fundara, el MCRC, en un afán de ir más allá de lo que le contaron los oráculos oficiales y sus libros de texto.
Por la libertad de todos. Por la verdadera libertad política. Por la libertad política colectiva.
