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Tríada para la libertad constituyente (III)

hace 2 días
5 min de lectura

Pensando en Antonio García-Trevijano, en el MCRC y en España.



III. IMPULSO, INTELIGENCIA Y ACCIÓN POLÍTICA COLECTIVA

 

«Los creadores de algo nuevo, contra el sistema de valores imperante, no deben esperar reconocimiento social. Si lo tuvieran sería la prueba de que se están equivocando. Por eso aprecian más que nadie las manifestaciones personales de amistad o de simpatía» (Antonio García-Trevijano, 8 de mayo de 2006).

 

Visto que el panorama social externo afecta y se refleja en las vanidades internas, la consciencia colectiva exige que el repúblico responda ante sí mismo. Sin lealtad y sin rigor conceptual, no hay posibilidad de ser o proclamarse repúblico. Los repúblicos no buscan ser nada ante los demás, sino todo ante su propia consciencia.


El compromiso con la república constitucional es un deber moral inexcusable, un tribunal interior que no admite la complacencia ni la ambigüedad. El concepto es inviolable porque de su precisión depende la autenticidad de la acción. La claridad conceptual es la que impide que la idea degenere en dogma y la acción en farsa activista.


Esta exigencia de responder ante la propia consciencia convierte al MCRC en una fuerza inexpugnable. El régimen de partidos y el poder fáctico saben cómo asimilar, corromper o destruir a los líderes visibles mediante la lisonja o el escándalo. Sin embargo, son incapaces de desactivar una red de consciencias autónomas que operan por convicción propia.


Cuando el motor de la acción es el deber interno y no la ambición personal, no hay precio que el poder pueda pagar para comprar la traición, ni ruido mediático suficiente para desviar la marcha de la causa hacia su único objetivo substancial: la apertura de un periodo de libertad constituyente que conduzca, por evidencia, a la república constitucional.


Las sociedades son capaces de crear, construir y evolucionar gracias a la suma de voluntades y esfuerzos individuales. En estos procesos no se busca el reconocimiento personal, sino la realización de una obra común que impulse la capacidad humana para renovar formas de pensar, ideas, usos y costumbres.


Este fenómeno colectivo se puede observar en muy diversas disciplinas, épocas y tradiciones plurales: templos, catedrales, sistemas de regadío, alcantarillados, puentes o monolitos ancestrales fueron construidos por colectivos cuyos nombres se han perdido, pero su obra común perdura en el tiempo. En la actualidad, este impulso transversal define también el desarrollo de Internet: Wikipedia o el sistema operativo GNU/Linux se sostienen gracias al trabajo voluntario y anónimo de miles de programadores y editores globales que colaboran para compartir el conocimiento.


El individuo encuentra satisfacción al formar parte de algo más grande que sí mismo, donde la autoría individual se diluye en favor del resultado del grupo. Se trabaja bajo la premisa de que la contribución personal mejorará el entorno común, del cual el propio individuo también se beneficia. Aunque cada aportación pueda parecer insignificante por sí sola, la suma y la organización de estas acciones generan un impacto estructural profundo. Las grandes transformaciones políticas y vecinales suelen nacer de un pequeño grupo crítico de ciudadanos anónimos que empujan en una misma dirección para transformar sus comunidades.


En la estrategia de la emancipación política y en el desarrollo del legado de Antonio García-Trevijano, este concepto deja de ser una abstracción para convertirse en una herramienta operativa, capaz de quebrar las dinámicas del régimen de partidos y de la cultura dominante.


Lo colectivo disuelve conscientemente lo individual en favor de una causa compartida. Bajo este prisma, los planos quedan nítidos: el individuo es accidental; lo colectivo, substancial. La inteligencia colectiva surge en el espacio donde el ego se desvanece en la confianza y la convivencia. No es acumulación de opiniones aisladas, sino la articulación y murmullo armónico de consciencias ensambladas en el análisis y el lenguaje riguroso, como la danza de los estorninos. Su murmuración es reactiva, no deliberativa; no hay un líder único; cada ave reacciona dinámicamente a sus vecinas más cercanas, permitiendo que el grupo se mueva como un solo organismo fluido y protector. Autoorganización como motor e interdependencia como vínculo.


Mientras la muchedumbre se mueve por impulsos emocionales y cae presa de la demagogia oportunista de turno, la inteligencia colectiva del MCRC opera articulándose como un organismo vivo y autoconsciente. Procesa la verdad política y la transforma en acción estratégica sin necesidad de portavoces providenciales.


El anonimato protege la substancia del mensajero: es la mayor demostración de fuerza y madurez que la sociedad civil puede ejercer frente al Estado. Al despojar la acción de todo ego, el MCRC se vuelve invisible para los radares de cooptación del régimen. No hay líder al que comprar, disidencia que subvencionar ni vanidad que adular. La oligarquía se enfrenta a un antagonista inédito: un ensamblaje colectivo flexible y autoconsciente que comparte rigor conceptual y lealtad indeleble, coordinado para inyectar la verdad política en el debate público.


En esta arquitectura de la emancipación, el trabajo técnico de preservar e interconectar el Archivo, el Diario y el MCRC adquiere su verdadero sentido prepolítico. Frente al recelo, la opacidad y la usurpación patrimonial de material e ideas, el MCRC responde con la máxima transparencia: apertura total, libre y accesible de todo su fondo documental, desactivando, de facto, cualquier utilización impropia por parte de un particular o de una facción.


Los informáticos y repúblicos que programan código y ordenan el pensamiento y la acción de Trevijano operan bajo la misma premisa que los constructores de catedrales o los desarrolladores de código abierto: la obra común lo es todo. El MCRC se convierte así en el sistema nervioso de esta substancia colectiva; un nodo inmune a los personalismos de la vanidad y a las intoxicaciones de los advenedizos. El MCRC persevera, precisamente, allí donde las fuerzas anónimas maduran la hegemonía cultural de la nación. La inteligencia, la oportunidad y la acción colectiva transformarán lo factible en un hecho.


La libertad constituyente no será el triunfo de ninguna facción ni de las ocurrencias de ningún oportunista con prisa; será la victoria limpia, silenciosa y colectiva de una sociedad que aprenda a disolver sus egocentrismos para conquistar la libertad política colectiva. El mensajero y el medio condicionan y transforman cómo se percibe el mensaje. El mensaje es el mensajero.

 

«Se debe saber que la democracia formal solo es alcanzable, en momentos históricos excepcionales, mediante una verdadera revolución política. Organicé la ruptura democrática de la dictadura de Franco en el momento histórico que la hacía posible. Su fracaso no fue debido a falta de condiciones objetivas, sino a la traición de los jefes de partidos clandestinos. La III República tendrá su oportunidad. Pero si en ese momento excepcional, no se interpone una acción colectiva, inteligente y enérgica, entre los ocupantes del Estado y la sociedad civil, es decir, si no se abre un periodo constituyente para definir el tipo de República y el tipo de gobierno, donde esté presente la idea de República Constitucional, en condiciones informativas de igualdad de oportunidades, volverá a repetirse la frustración de la libertad política» (Antonio García-Trevijano, 8 de mayo de 2006).

9 comentarios

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Invitado
hace un día
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brutal y sin palabras. animo republicos¡¡¡¡

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Javier
hace un día
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Faltándome por leer los dos primeros que me gustaría me remitieseis. Debo decir que este artículo es nítido, coherente y aunque pueda parecer simple, sin embargo, es simplemente lógico. Coincido en lo que se quiere decir y comunicar.

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Fernando Go
hace 12 horas
Contestando a

Gracias Javier por tu esfuerzo en leer este artículo, puedes leer los que le preceden en el DiarioRC: https://www.mcrc.es/art%C3%ADculos Un abrazo

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Alan
hace un día
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Para leer como los pájaros calman su sed: con un momento de concentrada inclinación para prender las gotas de autenticidad que se desprenden de las palabras y otro momento de erguimiento mental para fijar sus alusiones y significados analógicos.

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Fernando Go
hace 12 horas
Contestando a

Gracias Alan por tu dedicación y esfuerzo silencioso para que este Diario de la Libertad prospere. Un fuerte abrazo

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Pedrod
hace un día
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Estupendo

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Manu
hace un día

Extraordinario y luminoso cierre para esta Tríada, querido Fernando. Has sabido captar la dimensión más fecunda y conmovedora de la causa republicana: la elevación moral de una acción colectiva que disuelve el egoísmo individual para levantar, en el anonimato de la decencia, la libertad política de todos.

Como tantas veces nos enseñó don Antonio García-Trevijano, «los creadores de algo nuevo, contra el sistema de valores imperante, no deben esperar reconocimiento social». Tu analogía con los constructores de catedrales medievales y los desarrolladores del código abierto da en el centro de la diana: la obra común lo es todo y la vanidad personal, nada. Cuando el único juez es el tribunal insobornable de la propia conciencia, la oligarquía del régimen de…

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Fernando Go
hace 12 horas
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Muchas gracias por tus palabras, querido Manu. Me alegra que el artículo te haya resultado cercano, aunque el mérito, si lo hay, no es de quien lo escribe. Lo que se dice ahí lo hemos aprendido de Trevijano y lo sostienen, día a día, muchos repúblicos que trabajan sin buscar protagonismo ni aplauso.

Si algo he intentado es dejar claro que la obra común está por encima de cualquiera de nosotros, y que ahí reside nuestra mayor fuerza.

Hago mía la cita de nuestro común maestro: quienes crean algo nuevo aprecian más que nadie las manifestaciones de amistad y simpatía, y las tuyas lo son.

En una sociedad ocupada y teledirigida por la inmediatez de las pantallas, las imágenes y…

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