El fuego y la ventana
- Fernando Gómez
- 28 oct 2017
- 2 min de lectura


Navegando por las aguas cristalinas de la memoria encuentro un antiguo espejo. El fuego resplandeciente atrae las miradas y embelesa la imaginación. Las llamas del hogar encendido generan espontáneas formas danzarinas. El hogar calienta y acompaña el silencio o las conversaciones de los reunidos alrededor. La ventana es la frontera transparente que comunica con el exterior. El fuego y la ventana son símbolos que definen el hogar como caparazón de intimidad. En el ruidoso mundo, retumban sin cesar los artefactos de la resignación social. Las nuevas tecnologías eliminan la distancia y gestionan el tiempo a la velocidad de la luz. El brillo de las pantallas encendidas sujeta y prende las miradas perdidas. Miles de canales anuncian y programan, formando deseos y deformando la realidad. Una calidoscópica ventana penetra en nuestra casa sustituyendo al fuego del hogar. Ventana anulativa por donde entra la arrogancia de la corte y los bufones atolondrados. Terremotos y detergentes, guerras y deportes son miniaturas que se mueven en el salón. Voces domesticadas, vertidas en la mente desde la infancia, reducen la memoria y la atención. Suplantando a la madre, al padre y al maestro, la televisión se convierte en la nueva niñera, providencia de hogares divididos o de padres muy ocupados. Anonadados espectadores son congregados al perverso guateque catódico. Una omnipresente feria de vanidades producida por poderosos oligopolios sin control. Violencia gratuita, mediocridad política y vulgaridad social son su trivial cultura devastadora. El eclipse moral, cultural e intelectual responde a la fascinación que sustituye al juicio crítico. Enseñanza, cultura, comunicación e información son hoy una única corporación ideológica. Los medios de propaganda de masas emiten lo accesorio y omiten lo fundamental, ninguneando a quienes sostienen criterios disidentes a las opiniones dominantes. La telepapanata nos encierra en la caja cínica, enmarañando la realidad del mundo con su fetichista perorata virtual.




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