top of page
Copia de Diario (rectangular)_edited_edi

Tríada para la libertad constituyente (II)

hace 2 días
5 min de lectura

Pensando en Antonio García-Trevijano, en el MCRC y en España.



II. LO SUBSTANCIAL Y LO ACCIDENTAL

 

«Entre nosotros anda siempre una caterva de encantadores, que todas nuestras cosas mudan y truecan; las vuelven según su gusto, y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos» (Miguel de Cervantes. El Quijote).

 

Compartimos vivencias con Trevijano y aprendimos de sus conocimientos y experiencia muchas cosas, entre ellas, el valor de la sinceridad. A ella nos acogemos para verter estas sentidas palabras que se nos escapan.


Antonio García-Trevijano resolvía cada conflicto con sinceridad, autoridad moral e inmediatez. Fuimos testigos de sus encuentros con los egocentristas que se le acercaron; otros irrumpieron después. Tras su fallecimiento, afloraron los oportunistas, agazapados con sus ideologías y despropósitos. La incuestionable cohesión en torno al maestro fue desplazada por el interés particular: una olla de ingredientes tóxicos provocó fugas destructivas, ruido y disipación.


La suspicacia controla el juicio, alza barreras y deteriora las relaciones con los demás: un círculo vicioso de desconfianza que genera tensión, malentendidos, conflictos y delirios. Intereses personales, vanidades y ambiciones desataron intrigas, conflictos y disputas. Las ideas dejaron de ser herramientas de análisis para convertirse en armas de desprecio. Disuelta la unidad del mensaje original, lo ajustaron a la conveniencia de la facción.


Todo tiene explicación, interpretación y consecuencias: la deslealtad destruye la confianza y conduce directamente a la traición. Sin lealtad, no hay base sólida para la acción colectiva.


Emerge entonces la cultura dominante: la de pantalla y escaparate, la de protagonismos, intereses ocultos y control de medios. Aduladores, aspirantes y arribistas ven su oportunidad. Su absurdo activismo no es acción colectiva: es una bribonada moral, un teatro de vanidades que confunde la necesidad de actuar con espejismos activistas.


Para sus artificios políticos, ateneos y farsas personales se apropian, usurpan y copian el material del Archivo del MCRC, llegando al extremo de secuestrar material fílmico, canales y dominios que pertenecían al acervo común. Utilizan la información y el saber no como fin, sino como medio para la promoción de sus propios egos profesionales o chiringuitos políticos: lo substancial al servicio de lo accidental. Cacarean y embarran el pensamiento, la figura y el referente de Trevijano. Salpican y manchan con sus arbitrariedades la dignidad colectiva. Lo imitan mal, lo desfiguran descaradamente, lo arrugan hasta deformarlo y, sin sentido del ridículo, lo asocian a una arrogante, soberbia y grotesca mercadería política.


Cualquier pensamiento convertido en dogma se vacía de su sentido original: se degrada, se ideologiza y se usa solo para pavonearse, autocomplacerse y confundir. La vileza se organiza sola; en ella confluyen egocentrismos, ambiciones, vanidades y narcisismos. La impostura los junta con ideologías homogeneizantes. Así, presentan sus caretas en el reino del oportunismo, de la falsedad y de la deslealtad. Un territorio sin surcos culturales para que la idea de la libertad política colectiva fructifique, donde ya solo queda una sociedad de apariencias.


La lealtad es el primer principio natural de todas las virtudes sociales. Lealtad y acción son compañeras inseparables; juntas prefiguran el propósito, la forma y el sentido mismo de la libertad política colectiva. La semilla prefigura la forma del fruto. La confianza en que la acción emprendida por el MCRC tendrá un carácter crucial para los españoles surge de una certeza: no puede repetirse la triste y fracasada historia de la Junta Democrática y la Platajunta.


La diferencia radica en que el vínculo que une al MCRC es de orden substancial, mientras que el compromiso unitario de la Junta y la Platajunta era de orden accidental. La coyuntura fue el último refugio moral de los traidores. Un burdo pragmatismo que desnuda por completo a quienes justifican sus ambiciones personales escudándose en las circunstancias del momento.


La ironía y la paradoja se despliegan hoy con descaro fetichista. Un puñado de los aludidos oportunistas se agrupa bajo el mismo nombre que señalamos como fracaso histórico: Junta Democrática. Resucitan un rótulo estéril para disfrazar su afán: dotar de substancia lo que, por su propio origen mediático, no puede ser sino accidental: un envoltorio vacío y roto.


Lo substancial es la esencia, el ser: existe por sí mismo y permanece; tiene materia y forma. En nuestro caso, es el sujeto, el núcleo, la base y el soporte fundamental de un ideal colectivo que no cambia ni se transforma mientras siga vivo. Lo accidental es lo accesorio, lo circunstancial, lo pasajero: no puede existir por sí mismo; necesita alojarse y apoyarse en una substancia ideal para manifestarse.


Los buenos modales y las cualidades accidentales contribuyen a reconocer, comprender, compartir y difundir un ideal colectivo claro y transparente. Las malas maneras, los cismas y los humos accidentales de advenedizos oportunistas solo tienden a dividir, alterar, contaminar y entorpecer la unidad del conocimiento social de ese ideal. El conocimiento de la ciencia política pura debe mantenerse como un todo coherente, integrado y sin fisuras.


El oportunismo, la apropiación indebida y la impostura prosperan en la ambigüedad. Tracemos con todo ello una línea divisoria inequívoca: frente a cada arbitrariedad, respondamos con contingencia organizativa, exigencia legal y denuncia pública. No existen los atajos; existe, en todo caso, la catarsis. Los oportunistas solo buscan notoriedad personal; su fama difama el legado de Antonio García-Trevijano.


La verdad política es insolente, revolucionaria e impactante. Precisamente ahora, con nuestro patio interior abierto, revuelto y expuesto, se convierte en una constante paradoja social que retrata con honestidad manifiesta las contradicciones, prejuicios y disvalores de nuestra época y su gente. Era de esperar: es la disonante tónica social la que impera.


Recapitulemos: la causa primera de la acción política colectiva es el vínculo substancial derivado del conocimiento de la ecuación: Verdad política = Libertad política.


La trascendencia del descubrimiento radica en que su realización depende mucho más de la paciente unidad de su conocimiento, comprensión y asunción social —mediante la difusión, hasta alcanzar la maduración y la hegemonía cultural— que de la impaciente voluntad egocentrista de los oportunistas de turno.


Esperemos que se entienda el mensaje, la entidad y la identidad de lo aludido, para obrar en consecuencia con responsabilidad, conciencia, coherencia y firmeza ética y estética.


Para tomar aire, regresemos por el río subterráneo que va del mar a la fuente:

 

«La Teoría Pura de la República Constitucional no es una bella idea que nazca en mente idealista y se sustente por sí misma. Supone una acción política continuada y perfeccionada con el movimiento de la libertad constituyente del poder político. Esa acción anónima colectiva sería la verdadera editora del pensamiento original de la Teoría que la inspira. Como le ocurre a todo lo verdadero, esta idea constitucional tiene belleza por la sencillez y naturalidad de su concepción, pero como sucede en todos los procesos naturales, sólo la hará bella la lealtad en su realización» (Antonio García-Trevijano, Teoría Pura de la República).

7 comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Juanjo
hace un día
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

¡Adelante repúblicos!

Me gusta

Invitado
hace un día
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Sin palabras. Una maravilla. Animo MCRC!!!!

Me gusta

Mercedes
hace un día
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Hay artículos que no se leen de pasada. Este es uno de ellos.

Desde que me acerqué al MCRC he ido comprendiendo, poco a poco, que lo verdaderamente importante no está en las formas, los nombres o los protagonismos, sino en conservar lo esencial de un pensamiento y ser leales a él.

Este artículo me ha hecho detenerme especialmente en esa diferencia entre lo substancial y lo accidental. Quizá ahí esté una de las claves para entender muchas de las cosas que han sucedido después de Trevijano.

Y me quedo también con algo que para mí tiene un enorme valor: la lealtad no como una palabra, sino como una forma de actuar.

Gracias por este texto. Se siente escrito desde…

Me gusta

EDORTA MARTINEZ
hace un día
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

El MCRC es la única asociación civil que se mantiene leal a la obra de Don Antonio.

Otras y otros se dedican a cojer parte de sus ideas en su beneficio propio para según su interés destruir o reafirmar a obra de DON ANTONIO .

Cualquiera con un mínimo de conocimiento de la obra de Don Antonio se darán cuenta que estas personas o asociaciones son ilegítimas y contrarias a las ideas de la libertad política colectiva.

Solo el MCRC sigue de forma leal la estrategia creada por don Antonio para dar a los españoles la posibilidad de conseguir la libertad política colectiva

Me gusta
Fernando Go
hace un día
Contestando a

No basta esperar que sea así, hay que incidir y dar a conocer el problema planteado, entre su audiencia, la denuncia pública y la evidencia de los hechos los desenmascara.

Me gusta

Manu
hace 2 días

Mientras haya quien redacte y piense con esta firmeza, la causa de la libertad en España seguirá teniendo porvenir.

Me gusta
bottom of page