El Rapto de Europa


Pobre princesa, creíase en paz, Y al acecho, un sutil pretendiente. Manso se muestra, acude silente, Oscuro el anhelo en blanco disfraz. Nacida del amor a lo veraz, Cuán lejos vaga hoy de su ascendiente. Merecido castigo al imprudente: Seréis concubina del dios mendaz. Con traición y engaño conquistada, Encinta del apego a la falacia, Víctima de una bestia sin espada. Sucumbe con absurda contumacia, Galopando incansable hacia la nada, A lomos de la socialdemocracia.
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