Apuntes sobre la bióloga Lynn Margulis (VII)

La transformación de una oruga en mariposa se produce por metamorfosis.
¿Cómo se creó este extraño ciclo de la vida?
Primero, nace un animal de un huevo y vive su vida como larva. Luego, ese animal se transforma en lo que se llama pupa. Dentro de la pupa, las enzimas digieren los tejidos de la larva y dejan un fluido pegajoso, parecido al huevo, del que nace un segundo animal.
De la hibridación de un conjunto de cromosomas nacen dos animales, uno da lugar al otro.
El estudio de las larvas que viven en el plancton constituye un campo todavía poco conocido, aunque existen grandes masas de organismos flotando en el océano.
La historia de Donald Irving Williamson empieza con una larva planctónica en particular, la de una estrella de mar. Luidia sarsi, una joven de cinco brazos, sale de la larva nadadora y puede estar nadando entre el plancton durante casi tres meses.
¿Cómo puede un animal salir del huevo y divergir en dos animales?
Uno que vagabundea por el plancton, mientras que el otro está en el fondo del mar reptando y alimentándose. Es una anomalía desconcertante e intrigante.
Tras una vida de estudio, Donald llegó a una respuesta: la hibridación.
En el mar es muy raro que un macho y una hembra se apareen individualmente. En la mayoría de los casos, el macho libera el esperma y la hembra libera los huevos, y toda la fertilización tiene lugar en el agua.
Si grupos no relacionados se reproducen a la misma vez, cabe la remota posibilidad de que algunos de los huevos se fertilicen con el esperma de especies no relacionadas. No suele pasar, pero alguna vez, en muchos miles de años, aparece un híbrido secuencial.
Donald hizo experimentos sobre la hibridación y obtuvo algunos resultados sorprendentes. Cientos de pequeñas larvas dando vueltas. Pequeñas criaturas fascinantes.
Su trabajo molesta a muchos científicos, que no han leído sus libros o artículos y hablan de lo que han oído y de un artículo que quiso refutar su teoría, pero no lo hizo.
«La historia de la ciencia muestra que los cambios paradigmáticos pueden ser muy difíciles y controvertidos, ya que desafían las creencias arraigadas y los intereses de la comunidad científica» (Thomas Kuhn).
¿Por qué algunos científicos quieren que Donald esté equivocado?
Si Donald está en lo cierto, nuestra comprensión actual de la evolución animal sería fundamentalmente incorrecta, y muchas carreras científicas se habrían desperdiciado.
Su teoría golpea el núcleo central del pensamiento contemporáneo sobre la evolución, el modelo topológico del árbol de Darwin. Un árbol asume que los linajes se ramifican desde un ancestro común.
Stephen Bell demostró que había un movimiento de material genético de una rama a otra. Eso hace que la topología no sea la de un árbol, sino la de una red. La simbiogénesis está ahí.
A medida que aumenta nuestro conocimiento de la naturaleza, nuestras teorías cambian.
La evolución es el crecimiento y desarrollo de la vida de una célula a un sistema vivo con muchas partes interconectadas, que coevolucionan y cubren la Tierra.
Los coches, la ropa, los edificios pueden no estar vivos, pero forman parte de un sistema viviente que evoluciona de generación en generación.
«¿Quién es Gaia? ¿Qué es? El Qué, es la delgada capa esférica de tierra y agua que existe entre el interior incandescente de la Tierra y la atmósfera superior que la rodea. El Quién, es el tejido interactivo de organismos vivos que la habita desde hace más de cuatro mil millones de años. La combinación de ese Qué y ese Quién y el modo en que uno afecta continuamente al otro, es lo que se ha bautizado con el apropiado nombre de Gaia, una metáfora de la Tierra viva. La diosa griega de la cual procede puede sentirse orgullosa del nuevo sentido que ha adquirido su nombre» (James Lovelock).
A principios de la década de 1960, la NASA pidió a unos científicos, entre ellos a James Lovelock, que desarrollaran un aparato para detectar vida.
¿Cómo puede saberse si un planeta tiene vida?
La pregunta cambió dramáticamente nuestra visión de la Tierra como planeta.
La hipótesis de Gaia explica cómo detectar vida estudiando la atmósfera del planeta.
Si la atmósfera está en equilibrio o cerca de él, es improbable que haya vida en el planeta.
La atmósfera de la Tierra, a diferencia de la de sus planetas hermanos, está increíblemente desequilibrada. Metano y oxígeno mezclados. Si fuera una composición diferente explotaría. Las diferencias deben entenderse como un producto de la vida.
La atmósfera nos conecta a cada uno con los demás, pues todos estamos bañados en ella. Transporta gran parte de la materia que la vida usa para crearse.
Algo debe estar regulándola, o no sería constante.
La composición del gas de la baja atmósfera, la temperatura, el estado de oxidación se modifican por la presencia de organismos vivos que regulan la atmósfera para mantenerla en un rango adecuado para la vida en la superficie.
Los organismos vivos crean un entorno modulado activamente para la vida en la superficie.
¡EUREKA!
Aquí está ese gran sistema que cuida de sí mismo y mantiene el planeta habitable.
Un organismo bacteriano planetario ayuda al planeta a funcionar desde que empezó la vida.
El todo es mucho más que la suma de las partes.
«Si todo está en todo, la unidad del uni-verso está en la pluralidad de lo di-verso. La mónada es la unidad irreductible donde se manifiesta la diversidad del pluralismo de fuerzas sociales y culturales que caracterizan a todo sistema de poder estatal. Esa unidad individuante de la acción política está en la conjunción de las afinidades electivas de la comarca vecinal, en la mónada de la Res pública, que es la mónada natural de cada distrito electoral. Nada más pequeño puede ser operativo en la acción política de la libertad» (Antonio García-Trevijano).
(Continuará).
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